La dama oceánica

lunes, 9 de marzo de 2015

Kristallnacht

Tanto amor. Tanto amor, ¿y para qué? Para nada. No me sirve para nada. Tantos años mirando hacia fuera y cantando a corazón abierto cual pájaro enjaulado, y todo para que me pasen de largo, para que crean que soy amable. Tantos años de que nadie me tenga en cuenta. Puede que me acostumbre, pero eso no significa que el amor se vaya. Arde, y me consumirá a mí antes de extinguirse. Es el anhelo inmortal de los que viven tras paredes gruesas. ¿Es que no grito lo bastante alto? Apenas tengo voz, la jaula me la ha arrebatado. Tampoco sé volar. No hay escapatoria posible. Me pudriré aquí, pues. Me resigno, pero solo porque hay ventanas. Eso sí: ni una sola puerta. Al otro lado de la colina, desde la puesta de sol, me sonríes y me preguntas qué tal me ha ido el día. Y yo no puedo más que pensar que eres amable. Amable, y la octava maravilla de esta tierra enferma. Y de pronto, se hace de noche y tu sigues andando. Ignoras mi prisión.

Todos la ignoramos.

海♡



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