La dama oceánica

martes, 14 de abril de 2015

No preguntéis a un gorrión cómo las águilas planean

Unmoved — she notes the Chariots — pausing
At her low Gate —
Unmoved — an Emperor be kneeling 
Upon her Mat —

I’ve known her — from an ample nation — 
Choose One —
- Emily Dickinson -


Recuerdo un acontecimiento de años atrás que me marcó para siempre. Un encuentro conmigo misma, una salida de la crisálida.

Recuerdo a una mujer preguntarse cuándo un gorrión ha podido comprender a un águila.

Recuerdo miles de bandadas de gorriones enfurecidos, sus pechos poco profundos consumidos, susurrar contra tal ofensa. Pero la única que estaba en pie era ella.

Recuerdo no comprender qué ofensa habían hallado los gorriones en la expresión de un águila incomprendida. Y de repente, todo se volvió claro.

Tú eres un águila, descubrí. Yo soy un águila. Y si alguien no me entiende, es porque es un gorrión. Y si no tengo bandada, es pura naturaleza: las águilas planean solas en las alturas inalcanzables, las elevan otros vientos, otras nubes amparan su soledad, otras lunas se reflejan en sus pupilas negras.

Y recuerdo, oh, recuerdo con total claridad el día que te conocí a ti.

El día en que el viento por fin me arrastró hacia otra águila imperial.

No tuve miedo, como te habían temido todos los gorriones que te habías encontrado por el camino. En cambio, reconocí mis zarpas desgarradoras en tus propias armas despiadas, mi pico demasiado afilado en tu boca depredadora, mis ansias de volar hasta Betelgeuse en tus alas.

Y me enamoré, como se enamoran las águilas imperiales: de un modo perfecto para un corazón.

No tengamos hijos, me dije. Tengamos un Imperio.

Y tú me sonreíste, como medio escondiendo tu alma desconfiada. Pero a pesar de todo, supiste que un día me llamarías emperatriz, y que las estrellas nos tendrían envidia, y que nunca más tendría que sufrir tratando de mantenerme al paso insostenible de los gorriones, porque ahora tenía un águila con la que hacer círculos sobres sus cabezas pequeñas y despreocupadas.

Este, me dirías, es nuestro reino. No hay montaña lo bastante elevada como para que no podamos observarla desde las alturas. No hay copa de árbol en la que no podamos construír nuestro nido más seguro, no habrá acantilado que nuestras plumas de oro no hayan erosionado.

No habrá gorrión, no habrá gorrión, que no conozca nuestro nombres, emperador.

海♡

1 comentario:

  1. Sinseamente', no tengo quejas. Me gusta, pero no me encanta. Solo te remarcaré que se va notando que mejoras a cada publicación. Así que alégrate, porque estás haciendo las cosas muy bien.

    Va en serio, un abruzo.

    ResponderEliminar