La dama oceánica

jueves, 7 de mayo de 2015

Oda a una mentira

Hoy vengo a pedirte
una mentira extraordinaria.
Pues ya no te pido que me quieras
(que he perdido la esperanza),
sino que hoy vengo a pedirte
que me engañes, aunque sea a mala gana.

Vengo a pedirte que me sonrías
aunque estés muerto por dentro.
Que me llames
aunque sea sólo porque ella no te coge el teléfono.
Que me toques
aunque no se te mueva el alma, sólo los dedos.
Que me digas que me quieres,
porque yo sí que te quiero.

Pero tienes el corazón puro,
y hacer el mal te da pereza.
Te ofrezco mi reino
por dos miradas, tres sonrisas,
cuatro noches, cinco estrellas.
Pero tú eres un buen cristiano,
y rezas por tocarla a ella.
¿Cuál es el precio que tengo que pagar
por ser el faro entre tu niebla?

海♡

1 comentario:

  1. Y pese a terminar en una duda, los dos últimos versos caen sobre mí como una sentencia de resignación e impotencia. Con esto quiero decir lo que me ha hecho sentir tu poema, no que caiga sobre mí literalmente la pregunta.

    Un abruzo.

    ResponderEliminar