La dama oceánica

miércoles, 6 de mayo de 2015

De montañas, viajes en barco, y montañas rusas

He pasado años y años escalando. Y sigo sin ver el cielo, no me acerco a la cumbre ni por asomo, no hay forma de asegurarse tan siquiera de que me muevo hacia arriba. ¿Qué hago, qué he hecho, que me han hecho, qué me hacéis tan mal para que nada me sirva? No sirvo, no sirven, no me quiero, no me queréis. Tengo tantos sueños y tan pocas esperanzas. Y tantas, tantísimas expectativas estúpidas.

No quiero seguir escalando. ¿Qué pasa si me duermo un día y me despierto de vuelta en la base de la montaña? Seguramente ni me diese cuenta. ¿Y si nunca dejé la base? Todo habrá sido en vano.

No me tiréis cuerdas. Yo no soy un escalador como otro cualquiera.

No me lancéis salvavidas. Yo no soy una persona: soy una piedra, y como tal, me hundiré.

1 comentario:

  1. Es una narración cruda..., desnuda; no está decorada con palabras bonitas y profundas, es desgarrador.

    Me gusta, piedrecita.

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