La dama oceánica

lunes, 9 de mayo de 2016

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"What's that metronome I hear? Perhaps the end is drawing near. You never hear the shot that takes you down." - Broken Dreams, de Shaman's Harvest


No te ofendas, pero disculparse tres veces es de pusilánimes

Nos enseñan, desde muy pequeños, a tener miedo, a saber frente a quién podemos decir lo qué, frente a quién debemos callarnos. Debemos de tener miedo de perder a las personas, a hacerles daño. Debemos tener miedo de que nos rechacen aquellos que nos vieron crecer. Nos enseñan a proteger siempre a todo el mundo, incluídos nosotros mismos, de no se sabe muy bien qué. Nos convierten en adictos del eufemismo. Una excusa tras otra, una explicación vacía sobre otra, como naipes. Terminamos con miedo de que el castillo se caiga.

Nos enseñan a pertenecer a aquellos que nos proporcionaron lo que necesitábamos para continuar. Nos ocultan que si habemos de continuar, tal vez sea sin ellos. No nos dicen que no es a ellos a quién pertenecemos, que si alguien decide darnos algo, esa es su responsabilidad. Que desprenderse de una cosa o de un momento no tiene una recompensa necesaria.

Perseguid la naturalidad, tomad lo que queráis, y si precisáis correr, corred: dejadlo todo atrás. Aquellos que puedan seguiros os seguirán. Sin preguntas, sin ataduras, sin deudas. ¿Hemos olvidado lo que significa un regalo?

No debemos disculparnos. Todo esto es necesario.

Lo que no se puede permitir es el cuidado, los pies de plomo, el silencio. Callar es morir. Ocultarse es perderse. No pretendáis protegeros de enemigos invisibles, y creedme cuando os digo que los enemigos que debemos derrotar son muy visibles y nos están esperando más allá de estas vidas concéntricas.


martes, 5 de abril de 2016

Metapoesía

Ni meta, ni poesía. Ni tema, ni voz.

No es que no sepa qué escribir ni sobre qué,
si no que he perdido toda capacidad de escribirlo
como yo lo deseo.
Mis escritos ya no me pertenecen,
ya no me obedece el tintero.

¿Por qué escribir ahora?

Letras, miles de ellas,

cientos de palabras desperdigadas.

Páginas y páginas y páginas

de frustración.

De donde yo vengo lo llaman writer's block.

Halley, El Cometa (De cómo lo prometido es deuda)

Esta noche han vuelto las letras.
Los versos han vuelto a visitarme
como aquel comenta.
Han venido a orbitar cerca mía,
muy cerca, han iluminado aún más
mi cielo nocturno
cuajado de luceros,
para luego desaparecer.
Y yo he tratado
de gritarle tu nombre al cometa
para que lo lleve a otros planetas;
para que lo escriba,
junto al de la amada de Neruda,
entre las estrellas.

Esta noche has venido a visitarme,
has vuelto a orbitar cerca de mi,
muy cerca. Has iluminado
con tu estela de polvo y hielo
mis sueños de otra tierra.
Y, como el cometa, cuando te vayas,
me plantearé la posibilidad
de que otra órbita te capte ahí fuera
y no vuelvas.
Consultaré, intranquila,
todos mis libros de astronomía.
Y cuando, ya entrado el día,
me dé por vencida,
me diré:

¿Cómo pude olvidar que los pobres pastores ya sabían,
antes de Cristo y antes de Newton y de Hegel,
que el cometa Halley siempre volvería?

Antes de saber que se llamaba Halley,
el cometa ya retornaba.
No sabía su nombre, mas sabía

que retornaría.