Esta noche han vuelto las letras.
Los versos han vuelto a visitarme
como aquel comenta.
Han venido a orbitar cerca mía,
muy cerca, han iluminado aún más
mi cielo nocturno
cuajado de luceros,
para luego desaparecer.
Y yo he tratado
de gritarle tu nombre al cometa
para que lo lleve a otros planetas;
para que lo escriba,
junto al de la amada de Neruda,
entre las estrellas.
Esta noche has venido a visitarme,
has vuelto a orbitar cerca de mi,
muy cerca. Has iluminado
con tu estela de polvo y hielo
mis sueños de otra tierra.
Y, como el cometa, cuando te vayas,
me plantearé la posibilidad
de que otra órbita te capte ahí fuera
y no vuelvas.
Consultaré, intranquila,
todos mis libros de astronomía.
Y cuando, ya entrado el día,
me dé por vencida,
me diré:
¿Cómo pude olvidar que los pobres pastores ya sabían,
antes de Cristo y antes de Newton y de
Hegel,
que el cometa Halley siempre volvería?
Antes de saber que se llamaba Halley,
el cometa ya retornaba.
No sabía su nombre, mas sabía
que retornaría.
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