La dama oceánica

martes, 5 de abril de 2016

Metapoesía

Ni meta, ni poesía. Ni tema, ni voz.

No es que no sepa qué escribir ni sobre qué,
si no que he perdido toda capacidad de escribirlo
como yo lo deseo.
Mis escritos ya no me pertenecen,
ya no me obedece el tintero.

¿Por qué escribir ahora?

Letras, miles de ellas,

cientos de palabras desperdigadas.

Páginas y páginas y páginas

de frustración.

De donde yo vengo lo llaman writer's block.

Halley, El Cometa (De cómo lo prometido es deuda)

Esta noche han vuelto las letras.
Los versos han vuelto a visitarme
como aquel comenta.
Han venido a orbitar cerca mía,
muy cerca, han iluminado aún más
mi cielo nocturno
cuajado de luceros,
para luego desaparecer.
Y yo he tratado
de gritarle tu nombre al cometa
para que lo lleve a otros planetas;
para que lo escriba,
junto al de la amada de Neruda,
entre las estrellas.

Esta noche has venido a visitarme,
has vuelto a orbitar cerca de mi,
muy cerca. Has iluminado
con tu estela de polvo y hielo
mis sueños de otra tierra.
Y, como el cometa, cuando te vayas,
me plantearé la posibilidad
de que otra órbita te capte ahí fuera
y no vuelvas.
Consultaré, intranquila,
todos mis libros de astronomía.
Y cuando, ya entrado el día,
me dé por vencida,
me diré:

¿Cómo pude olvidar que los pobres pastores ya sabían,
antes de Cristo y antes de Newton y de Hegel,
que el cometa Halley siempre volvería?

Antes de saber que se llamaba Halley,
el cometa ya retornaba.
No sabía su nombre, mas sabía

que retornaría.