Sólo me rodea un inmenso bosque de cerezos que cubre toda La Isla. Más allá, el océano. Nada más. Está lloviendo, y hace tanto frío que el aire huye de mis pulmones y se me escapa en densas bolutas de baho. Algunas partes del terreno, las más altas, están cubiertas de hielo y nieve, y carámbanos y estalactictas cristalinas copan los árboles en flor. Los cerezos de este bosque jamás dan fruta. Los lobos campan a sus anchas y aparecen de entre la niebla cuando menos me lo espero para saludarme en silencio. Resuenan sus aullidos, pero sólo a lo lejos. Ahorcados se mecen aquí y allá. No en vano es esto un bosque. Todo lo demás es silencio, tanto que puedo oír el flujo de mi propia sangre por mis venas. Mi corazón late, imparable pero cansado, y, con cada vez que palpita, no me hace sentir más cerca de la muerte. No, eso me tranquilizaría. En cambio, cada latido me recuerda que estoy dolorosa e innegablente viva.
Pero no importa, porque sé que, algún día, yo también me meceré en la brisa de La Isla. Y, cuando mi cuerda se pudra, seré pasto de los lobos.
海♡
Tantas palabras se aturullan en mi cabeza que no sé muy bien por dónde empezar. Siempre he creído que lo mejor es la claridad, así que ahí va:
ResponderEliminarDesde el momento en que leí la descripción de La Isla, mi curiosidad despertó como impulsada por un resorte invisible. Y al leer esta primera entrada, todo se detuvo y estalló. No sé si será mi imaginación desbordante o es que realmente hay en tus letras algo especial, pero hasta he podido oler los cerezos y escuchar el contoneo de las cuerdas de las que cuelgan los cadáveres. Estaré encantada de visitarte, aquí, en tu isla, siempre que haya alguna novedad.
Un frío beso.
Emily
Serás bienvenida a La Isla siempre que estés dispuesta a pasar frío (y sé que a ti no te amedrentan las temperaturas bajas). A las islas perdidas les gustan los náufragos y los exploradores.
EliminarUn abrazo salado,
海♡