La dama oceánica

martes, 22 de julio de 2014

El andén

Oí mi nombre de nuevo.
Pero esta vez, antes de girarme, lo percibí, cómo cuándo los pájaros vuelan en círculo antes de que llueva, e igual que las vías tiemblan al aproximarse un tren.
Y me di la vuelta.
Y los vientos se desataron, y vino el tren y no me moví un ápice de la vía.
Si ese era el precio por ver sus ojos un poco más... Entonces, que me atropellara. Tanto él como yo llevábamos ya la muerte en los ojos, y el alma en las manos.
Quiero su alma, Dios, y quiero sus ojos, y quisiera poder tener sus manos.
Lo quiero todo, aunque me atropelle.

海♡

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