La dama oceánica

martes, 22 de julio de 2014

The Fall

¿Recordáis aquella vieja pregunta de las clases de ciencias? La de "Si un árbol cae en medio de un bosque solitario y nadie lo oye, ¿el árbol hace ruído?"

Hoy han empezado a caer los árboles de La Isla. El primer cerezo se precipitó desde su altura milenaria hacia el suelo y estalló en millones de pedazos de cristal, y el estruendo resonó por mi isla como el canto de una singular sirena. Pero soy la única que escucha. ¿Ha hecho ruído mi árbol? Mi árbol ha caído, y puedo imaginarlo estrellado en el suelo, roto, desamparado. Y madera, astillas por todos lados, y pétalos congelados, arrancados de sus flores de sakura. Y los restos intactos de su cobertura de hielo desperdigados por los alrededores, y tanta belleza desperdiciada, tantos años de silencio perdidos, arruinados sólo por un estallido desgarrador. Y a su lado, los cerezos próximos siguen llorando quedamente, y saben que les llegará la hora como le llego a él. El hielo ya no es promesa de eternidad para ellos. Sólo de frío.

La Isla se viene abajo. Y sólo yo escucho. La Isla está enferma.

Ni siquiera las sirenas más allá de los acantilados pueden oírnos ahora. Nadie me oye mientras caigo.

Soy un árbol. Soy un árbol en el bosque de La Isla. Soy un árbol y he caído, y he hecho mi ruído, pero el bosque de La Isla es un bosque solitario, y nada ni nadie me ha escuchado, excepto los otros árboles. Y, como me advitieron todos cuando me exilié aquí, los cerezos no pueden ayudarme.

Cierto, pero son hermosos. He caído rodeada de belleza, de esa belleza que tienen los árboles, la niebla, la brisa del mar... La belleza que no siente, que no juzga.

No puedo pedir más.

海♡

2 comentarios:

  1. Por alguna razón, tus descripciones y relatos sobre La Isla son mis favoritos. Cierto es que todas tus entradas me fascinan, y que me siento muy identificada contigo, pero son estos los que me cautivan en especial. Algún día, me gustaría escuchar el cantar de las sirenas junto a ti, en La Isla.

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    1. He de admitir que La Isla es también mi creación favorita y en la que más sangre de mis propias venas vierto cada vez que la escribo, quién sabe por qué. Sabes que aquí siempre eres bienvenida, Em.

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