Mi miedo a la realidad me empujó a la locura. Porque vi la magia, porque leí la gloria y la fantasía, porque me enamoré de lo inalcanzable. Y no hubo vuelta atrás. Si tales maravillas eran imposibles en mi mundo, prefería exiliarme.
No, mi miedo a la realidad no me empujó a la locura. Me lancé a la locura de cabeza y de forma deliberada. Elegí creer en aquello que sabía que no era real y vivir con ello, proyectar mis ojos de cristal coloreado sobre el mundo y rodearme de ilusiones absurdas, sabiendo que los ojos de cristal no ven y que las ilusiones no son vida. Predije que enloquecería, era consciente de que todo aquello que había soñado no era real, pero preferí obligarme a mi misma a creerlo, fingir ante mi mente que esa era mi realidad, porque mi alma no podía soportar la prisión de mi cuerpo: tan humano, tan normal. Tan jodidamente ausente de magia, tan dolorosamente vacío de espíritu y de poder.
Otros hacen arte de lo mismo de lo que yo hago delirios.
海♡
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