La dama oceánica

domingo, 18 de enero de 2015

Aphania

Para Em, porque me cogió de la mano,
me cubrió con su cálida capa negra como un tizón,
y ya no estuve sola en mi rincón oscuro.


Allí estaba yo, sentada en mi rincón oscuro. Miles de palabras y textos arremolinados en mi mente. Miles de imágenes desorganizadas. Una pila infinita de libros, arrapiñados durante años en distintos lugares, un fajo de pergaminos cubiertos de frases y dibujos sin terminar, y un par de viejas plumas usadas hasta la saciedad eran mis únicos compañeros. El resto de la sala estaba oscura. Así, noche tras noche, con mi pequeña llama iluminando la tosca mesa de madera, viví bajo la luna en mi habitación oscura durante meses.

Yo no era como mis amigos, no era como mi familia. Ellos no entendían. Para ellos la literatura era belleza, para ellos era un pasatiempo, o una forma de transmitir historia.

Para mí era oxígeno. Asíque allí me pasaba las noches y los días, en mi rincón. En una sala oscura.

Aquella noche, como siempre, me rasgaba las entrañas en un intento vano de sacar algo en limpio de mi joven mente confusa que valiera la pena poner en tinta sobre papel, cuando alguien vino a tocar a mi puerta. Me sorprendí, me sorprendí mucho. Nadie tocaba jamás a mi puerta. Vivía sola. Crucé la habitación y miré a través de la mirilla. Al otro lado, solamente oscuridad. Me encogí de hombros.

Pero entonces oí una voz que (habría jurado) provenía del mismísimo corazón de la noche.

"Abre la puerta, por favor. Es importante"

Intrigada, corrí el cerrojo, y empujé la pesada puerta de roble hasta que estuvo abierta de par en par.

Nada. Solo oscuridad.

-Qué demonios...?

De pronto, una llama blanca surgió de la nada, a escasos treinta centímetros de mi nariz. Di un respingo y retrocedí un poco. La llama comenzó a crecer cada vez más y más, poco a poco. Tras la sorpresa inicial, me aproximé a observarla más de cerca. Nada ardía. Simplemente había una llama de color blanco flotando y crepitando frente a mi puerta. Una llama que estaba alcanzando unas proporciones preocupantes. Reculé hacia el interior de mi pequeña casita de madera. Empezaba a asustarme. La llama era ya más alta que yo.

Y de repente, ¡puf! El fuego se extinguío en un santiamén y un humareda blanca se elevó hacia el cielo nocturno entre las pequeñas casas de madera y piedra de los alrededores, por encima de los tejados de paja de la ciudad.

Ante mi se materializó una dama joven con ademán noble y mejillas redondas y rosadas, vestida de negro de pies a cabeza, con un sombrero picudo de ala ancha, un gato gris a sus pies, y lo que en la oscuridad me pareció un pulpo azulado posado sobre su hombro izquierdo. Un pulpo, pensé. Ridículo. Los pulpos necesitan agua marina para respirar.

Y entonces un hecho me atropelló como un carruaje a todo galope. Era una bruja. Una bruja de verdad. Una bruja de verdad acababa de materializarse frente a mi puerta. El corazón me dió un vuelco de la emoción.

La bruja soltó un par de toses. Yo esperé extasiada a que dijera algo. Se sacudió la falda, se colocó el sombrero, y entró, sin más. Me hice a un lado para dejarla pasar. Se sentó en mi silla, en mi rincón, y comenzó a revolver mis borradores. Parecía ignorar mi presencia por completo. Yo me quedé ahí de pié, mirándola atónita.

-Ejem. - carraspeé- Esto, señora bruja, yo...

Cuando apenas había dicho esto, se giró y me miró, la sorpresa pintada en sus ojos pardos.

-Oh, vaya, hola, Sam. Esto, yo... - miró alternativamente a los pergaminos en su mano y hacia mi, plantada de pie junto a la puerta abierta. - Perdona.

Se levantó, dejó todo en su sitio. Caminó hacia mi, y sus botas de tacón repiquetearon sordamente en el suelo de tierra. Se paró a escasos centímetros de mi cara de estufacción, y comenzó a escrutinar mis facciones e inspeccionarme sin ningún disimulo, mientras asentía para si misma.

-Mira, Sam, mi nombre es Aphania, y efectivamente, soy una bruja. Soy una bruja blanca que vive en el bosque al norte de la ciudad, y tienes que venirte conmigo ahora mismo.

-¿Aphania? ¿Oscuridad en griego?

La bruja pegó un respingo.

-Ala, si que lees para una chica pobre, y de tu edad. Sí, Sam, oscuridad en griego. Pero puedes llamarme Emily. Ese es mi nombre humano.

-Y, ehm, esto, Emily, ¿que haces aquí?

-He venido a buscarte. Te necesitamos. y tú nos necesitas a nosotros. No dejaremos que te pudras en este rincón oscuro. Venga, sígueme. No tenemos mucho tiempo.Además, el resto están ansiosos por conocerte. Me han oído hablar mucho de tus habilidades.

-¿Habilidades? ¿Qué habili...? - pero ella, con la misma, me agarró con sus elegantes manos blancas, me echó su capa negra como un tizón sobre los hombros, y me vi engullida por la oscuridad.

海♡

miércoles, 14 de enero de 2015

Perdona que te discuta, maestro. (Nocturno)

No. Las palabras tienen que servir.
Sin palabras, ya no nos queda nada.

Aunque desde el abismo del idioma quiera gritar lo que no puedo por imposible y calle, lo escribiré.
Porque mi garganta está muerta, porque mi garganta es desgraciada.
Porque no tengo sueño, porque sufro.
He de escribir.

Y lo escribiré, vertiré toda la sangre, vaciaré toda la rabia.
Me troncharé la espalda, exhalaré hasta el último respiro del odio que tartamudea en mis huesos.
Esta es la única venganza que mi alma tímida alcanza:
las palabras.

Correré con el viento, arrebataré mis propios escritos.
Lloveré con el agua, me fundiré con mi tinta.
Pero no renunciaré a mis palabras.

Desapareceremos.
Desapareceré yo, mis cenizas, mis papeles, cada gota de tinta que yo haya malgastado.
Mi dolor, mi tristeza.

Pero mis palabras pervivirán.
Aunque no haya nadie para recordarlas.
Heridas de muerte, puede, pero pervivirán.

Las palabras no mueren, maestro.
Hay algo de inmortal en las estúpidas palabras.
En las malditas palabras.
Yo soy una palabra.
Tú también fuiste una palabra.

Las palabras sí sirven. Siempre sirven.
Al fin y al cabo,

Son palabras.

海♡

martes, 13 de enero de 2015

Reflejada

Tengo la vaga sensación de que te he visto en algún lugar.

De que hasta que te conocí, te habías escondido en alguna fibra recóndita de mi tejido nervioso; en eso que no sé describir pero que me pasa cuando veo amaneceres; en esa ola gigantesca que me arrastró al fondo un día haciendo surf y me cubrió el alma de arena y me dejó las piernas rasguñadas, la cara roja, y con un susto de muerte, pero viva. En el primer mordisco de las manzanas; en las noches de tormenta sola en casa; en aquella especie de mariposa que cacé una vez, para luego soltarla, y luego nunca volví a encontrar; en la vez que metí un pie en un charco hasta el tobillo llevando zapatos ligeros. Como si tú fueras mis gafas, y todo este tiempo, hubiera estado viendo el mundo a través de ti sin saberlo.

Como si el universo hubiera decidido coger mi vida, escribirla en verso, y traducirla en ser humano, a miles de kilómetros de mí, en el lugar más recóndito. Como si tratara de evitar nuestro encuentro. Como si nos protegiera del espejo. Como si tú hubieras robado toda la belleza que me falta, pero, a pesar de quedártela para ti, no dejara de ser mía.

Pero te encontré. Por azar, puede. Pero te he visto, sé que existes, y no puedo ignorarlo. Necesito escribirte, aunque sea solo un poco.

Nunca hemos hablado a solas, y nunca lo haremos, pero nos conocemos.

Tú a mi no me engañas. Te he pillado.

Somos dos caras de la misma moneda. Yo soy todo lo que ocurrió y que nadie jamás escribiría, tú eres lo que los poetas que no saben sobre qué escribir van mendigando por cada esquina. Pero formamos parte de lo mismo. Solamente que yo me quedo a este lado del filtro, y tú, por supuesto, pasas el tamiz.

Desde nunca, compañero. Hasta siempre.

Me alegra haberte encontrado. Me alegra saber que mi poesía está a buen recaudo. Trataré de cuidar de tu luz, trataré de mantener tu secreto.

Reflejo.

海♡

Eclipses y la tragedia de no ponernos de acuerdo

Creo que necesitamos un choque.

Definitivamente, un choque es lo que hace falta
para zanjar este asunto de una vez por todas.

Un choque de frente,
un choque a 150 km por hora.

Pero si tú eres el Sol, y yo soy la Luna,
¿cómo diablos vamos a chocarnos nunca?
No nos encontraremos.

Yo nunca veré tu luz del todo,
tú nunca llegarás a conocer mis sombras.

Yo no tendré tus amaneceres somnolientos.
Tú no conocerás mis puestas de Sol oscuras.

No vamos a chocarnos nunca.

Suspiró.
Suspiraron.

Nunca se chocarían.

Suspiré.
Suspiraste.

Creo que me he topado con un muro mientras caminaba.
¿Qué es ésta luz cegadora?

海♡