La dama oceánica

miércoles, 14 de enero de 2015

Perdona que te discuta, maestro. (Nocturno)

No. Las palabras tienen que servir.
Sin palabras, ya no nos queda nada.

Aunque desde el abismo del idioma quiera gritar lo que no puedo por imposible y calle, lo escribiré.
Porque mi garganta está muerta, porque mi garganta es desgraciada.
Porque no tengo sueño, porque sufro.
He de escribir.

Y lo escribiré, vertiré toda la sangre, vaciaré toda la rabia.
Me troncharé la espalda, exhalaré hasta el último respiro del odio que tartamudea en mis huesos.
Esta es la única venganza que mi alma tímida alcanza:
las palabras.

Correré con el viento, arrebataré mis propios escritos.
Lloveré con el agua, me fundiré con mi tinta.
Pero no renunciaré a mis palabras.

Desapareceremos.
Desapareceré yo, mis cenizas, mis papeles, cada gota de tinta que yo haya malgastado.
Mi dolor, mi tristeza.

Pero mis palabras pervivirán.
Aunque no haya nadie para recordarlas.
Heridas de muerte, puede, pero pervivirán.

Las palabras no mueren, maestro.
Hay algo de inmortal en las estúpidas palabras.
En las malditas palabras.
Yo soy una palabra.
Tú también fuiste una palabra.

Las palabras sí sirven. Siempre sirven.
Al fin y al cabo,

Son palabras.

海♡

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