Siempre quisiste comerte el mundo. Querías ser grande, querías importar. Pero es el mundo el que se te traga cada vez que cruzas la puerta, y cualquier espacio es demasiado pequeño para respirar si tienes que compartir el aire. Maldita sea, tienes miedo de cruzar una puerta! Como vas a llegar a ser nadie nunca, como vas a matar monstruos si no puedes ni empujar la maldita puerta y respirar el aire abierto.
No tienes solución, no tienes solución, te repites, mientras te lanzas hacia el suelo en plancha, derrotada porque no le tienes miedo a luchar, sino al campo de batalla.
Haz que se vaya, haz que se vaya.
海♡
domingo, 14 de diciembre de 2014
sábado, 15 de noviembre de 2014
Dejar la espina clavada en la herida
«Nunca te entregues ni te apartes, junto al camino, nunca digas 'no puedo más y aquí me quedo'.»
No me arranqueis la espina, grito. No me arranqueis la espina. Dejad a la espina estar, pues es memoria imborrable y dolorosa de que hubo días en los que caminaba sobre campos de rosas. Aunque a cada paso que doy me desangre un poquito más, no me arranquéis la espina. Mientras tenga espina tendré pruebas, mientras haya espina, las rosas seguirán siendo reales. Mientras haya espina, sabré que hubo rosales.
Si me quitáis la espina, decidme qué me queda más que el vacío y el saber que es invierno y los campos de rosas no volverán (por mucho que vuelva la primavera).
Por qué, por qué solté la rosa en cuanto me pinchó la espina, en lugar de aferrarme a ella. Si el daño estaba hecho, por qué correr, por qué huír. Al menos ahora sangraría rojo sobre el rojo campo, y no rojo sobre el gris de estas calles estrañas, sobre el hielo blanco de estas carreteras, sobre la noche negra que no se acaba.
Quiero volver a casa con mis rosas, pero la casa y las rosas están quemadas. Lo he quemado todo por una estúpida espina, y me arrepiento.
Pero...
«Tú no puedes volver atrás, ... »
Ya sabéis cómo acaba.
海♡
No me arranqueis la espina, grito. No me arranqueis la espina. Dejad a la espina estar, pues es memoria imborrable y dolorosa de que hubo días en los que caminaba sobre campos de rosas. Aunque a cada paso que doy me desangre un poquito más, no me arranquéis la espina. Mientras tenga espina tendré pruebas, mientras haya espina, las rosas seguirán siendo reales. Mientras haya espina, sabré que hubo rosales.
Si me quitáis la espina, decidme qué me queda más que el vacío y el saber que es invierno y los campos de rosas no volverán (por mucho que vuelva la primavera).
Por qué, por qué solté la rosa en cuanto me pinchó la espina, en lugar de aferrarme a ella. Si el daño estaba hecho, por qué correr, por qué huír. Al menos ahora sangraría rojo sobre el rojo campo, y no rojo sobre el gris de estas calles estrañas, sobre el hielo blanco de estas carreteras, sobre la noche negra que no se acaba.
Quiero volver a casa con mis rosas, pero la casa y las rosas están quemadas. Lo he quemado todo por una estúpida espina, y me arrepiento.
Pero...
«Tú no puedes volver atrás, ... »
Ya sabéis cómo acaba.
海♡
viernes, 17 de octubre de 2014
Veneno por sangre, sangre por veneno
He recorrido millas y millas, he
cruzado oceános para huír. Porque asumí que los verdugos de ojos
dulces y enloquecidos que me perseguían tras cada esquina estaban en
las esquinas de mi ciudad.
Pero no. Están en mis esquinas, y no
importa las millas que recorra, los océanos que cruce en esta tierra
enferma de belleza. Tengo que andar millas por dentro, tengo que
ahogarlos en otro tipo de océano. Y eso yo no tengo el poder para
hacerlo. Y las drogas tampoco sirven de nada.
Joder, ¿por qué tiene todo que ser
tan bonito, tan sencillo y tan real? ¿Por qué no puedo decirme que
el amor no existe y quedarme tan pancha y en paz y reírme de las
vidas de los demás como cualquier otra amargada? Existe, claro que
existe, hay que estar muy ciego o ser muy tonto para no verlo. El
amor está ahí fuera salvando a la gente a diario. Y yo estoy aquí
dentro.
Que ni quiero ni puedo ni me da la gana
de hacer nada más que quejarme ya lo sé, no necesito que me lo
eches en cara. Que nunca abro la puerta, estoy cansada de oírlo. Que
sí, que padezco de una severa agorafobia emocional. Que voy por la
vida sintiendo a trompicones de hombre ebrio, eso también lo sé. Yo no quiero que me pases la ITV. Quiero que me digas que me quieres
aunque no me quieras, aunque te vayas poco después. Me he cansado de
oír que soy bonita de labios de esos gilipollas que ni siquiera me conocen, quiero que tú (que
no me lo has dicho nunca y nunca me lo dirás, porque me conoces demasiado bien) me cojas de la cintura
y me mires a los ojos y me llenes de cosas, y luego cuando me dejes
vacía, al menos estaré limpia y no llena de mierda como estoy
ahora.
Tira la puerta abajo a hachazos y
quédate un rato, podemos ver pelis de ciencia ficción en mi sofá desgastado de tanto usarlo solo para dormir, o puedo leerte en voz alta sagas enteras si eso va a hacerlo más largo. En cuanto te vayas, pondré una puerta nueva y parecerá como si no hubieras entrado nunca. Aquí donde
me ves, soy una carpintera de primera clase.
Y esque al igual que en casa del
herrero, cuchillo de palo, en mi taller de carpintería me gusta usar metales pesados.
海♡
jueves, 16 de octubre de 2014
La Casa del Sol Naciente (#NeminisTerra)
A
Jay, con amor todavía. A estas alturas aún espero que, estés donde
estés, no sea La Isla.
“Todos
los mundos nacen de las tinieblas y todos terminan de la misma forma.
El corazón no es diferente. (...) Como puedes ver, la oscuridad es
la verdadera esencia de los corazones.”
-Ansem
El Sabio, Kingdom
Hearts 1
RUMBO
A LA ISLA
No
siento miedo. Si no fuera por un cierto alivio que va rellenando el
espacio vacío que la sangre va dejando en mis venas, diría que no
siento nada. Cierro los ojos en la bañera ensangrentada, sólo un
instante. No quiero perder la consciencia antes de que me llegue mi
hora. Cuando vuelvo a abrirlos, sólo me rodea un inmenso bosque de
cerezos que cubre toda esta isla en la que parezco hallarme. Más
allá, el océano. Nada más. Está lloviendo, y hace tanto frío que
el aire huye de mis pulmones y se me escapa en densas volutas de vaho. Comienzo a caminar, sin dirección alguna, y descubro que
algunas partes del terreno, las más altas, están cubiertas de hielo
y nieve, y carámbanos y estalactitas cristalinas copan los árboles
en flor. Algo me dice que los cerezos de este bosque jamás dan
fruta. Los lobos campan a sus anchas y aparecen de entre la niebla
cuando menos me lo espero para saludarme en silencio. Resuenan sus
aullidos, pero sólo a lo lejos. Ahorcados se mecen aquí y allá. No
en vano es esto un bosque. Todo lo demás es silencio, tanto que
puedo oír el flujo de mi propia sangre por mis venas rasgadas. Mi
corazón late, imparable pero cansado, y, con cada vez que palpita,
no me hace sentir más cerca de la muerte. No, eso me tranquilizaría.
En cambio, cada latido me recuerda que estoy dolorosa e innegablemente
viva.
Pero
no importa, porque sé que, muy pronto, yo también me meceré en la
brisa de La Isla. Y, cuando mi cuerda se pudra, seré pasto de los
lobos.
He
cruzado el Portal.
Prólogo
Abro
un ojo. Pero a mi alrededor solo percibo una negrura
inescrutable.
Alzo
mi mano y enciendo una cerilla. No llevaba la cerilla en la mano, no
tenía una caja en el bolsillo. Simplemente, siguiendo algún extraño
instinto, extiendo los dedos y, al realizar con mi muñeca el rápido
gesto con el cual rascas una cerilla para encenderla, una cerilla se
enciende en mi mano.
Una
de las muchas voces en mi interior grita por encima de todas las
demás que esto no es algo que ocurra en el mundo en el que siempre
he vivido.
Estoy
muerta. Se hace el silencio entre las voces. Ya no es necesario que
esta grite.
Estoy
muerta. Estás muerta, Samantha, me dice la única voz que puedo oír
a este lado. ¿Tal vez por fin me haya encontrado a mí misma?
Mi
cerilla se extingue entre mis dedos.
Me
parece extraño lo denso que es todo. ¿Estoy debajo del agua? Pero
acabo de encender una cerilla. Bajo el agua no es posible encender un
fuego. Al menos, en el mundo de los vivos. Decido impulsarme hacia
(lo que mi intuición me dice que es) arriba, en la completa
oscuridad, a través de la extraña materia que me rodea. Casi parece
que la negrura se haya materializado y formado esta especie de
líquido denso y salado.
Me
extraña no necesitar respirar desesperadamente, no sentir miedo. Los
seres vivos necesitan, los seres vivos respiran y sienten miedo, me
digo.
Pero tú ya no estás viva.
I:
¿Lo llamamos renacer?
Al
final terminé por emerger. Miré hacia el cielo. Tan cubierto y
oscuro que las nubes, en lugar de vapor, parecían plomo en estado
gaseoso. Me di cuenta de que efectivamente, estaba en el agua. Era un
día de bastante oleaje, en un océano turbio a juego con el
firmamento, de una tonalidad brillante que me recordó a las joyas de
azabache y plata que mi abuela solía coleccionar.
Algo
iba mal. Yo había estado aquí antes. Yo conocía este olor. Como
impulsada por un resorte, me giré y miré a mis espaldas.
La
Isla. El hielo, los acantilados, los cerezos, los aullidos. Todo era
real. Estaba en La Isla. No era solo un delirio de moribunda. No
necesité decidir. Mis brazos eligieron por mi, y cuando terminaron
de impulsarme hacia el acantilado entre las olas, comenzaron a
escalar. Sin prisa, pero sin pausa. Sin dolor. Pero a medio camino
hacia arriba noté movimiento a mi alrededor por el rabillo del ojo,
y mi propia conciencia retomó el control, y me detuve para mirar
ambos lados.
Eran
los suicidas. Estaban por todas partes. Y todos estaban escalando,
como una de esas hordas de zombies de las películas. También vi a
algunos nadar. Pero lo que más me impresionó es que si te fijabas
bien, no tenían la más remota semejanza con los zombies de las
películas. Tenían un objetivo, una determinación indestructible.
Algunos lo celebraban, muchos dejaban escapar exclamaciones de júbilo
y se ayudaban entre ellos. Agitaban los puños en el aire, reían,
aullaban a coro con los lobos.
Lo
habían conseguido y ahora eran libres.
Y
yo también. Lancé mi cabeza hacia atrás, y aullé hasta que no
quedó ni un poco de aire en mis pulmones, ni una sola cadena en mi
mente que me atara a la cordura, a las normas del mundo que había
conocido antes. Ahora estaba en La Isla. Entonces, recuperé la
concentración y continué escalando con una sonrisa en mis labios
que cualquiera fuera de este lugar habría calificado como
“maníaca”.
II:
No estáis solos
Llego
a la cima y echo una ojeada a mi alrededor; todos parecen sentirse
tan fuertes y tan libres como yo. Invencibles, eso somos. Todos
tenemos mucho en común, y se nota. Con medias sonrisas de
complicidad y triunfo nos miramos unos a otros, nos entendemos sin
palabras.
Los
renegados del reino de los vivos tenemos nuestros propios dominios, y
nos encantan. Turbios, oscuros, fríos, perfectos... un poco para
todos los gustos. Ahora mismo se ven mucho más brillantes y
primaverales que en mi visión, sin embargo. En fin. A juzgar por la
incandescencia que veo en lo más hondo de los ojos de todos mis
nuevos vecinos, no creo que en esta tierra exista el pecado.
De
repente, me apetece fumarme un cigarro.
Sé
que a ninguno de ellos les importa lo más mínimo el cáncer de
pulmón. “Si te mata, que te mate. Tanto mejor.”
O
al menos así habrían sido en vida.
III:
¿Pastillas? ¿Sangre?
Alguien
golpea apremiantemente mi hombro con su dedo.
-Disculpa,
eh, oye, perdona. Oyee. -me giro y veo a un chaval que será un par
de años menos que yo. Ojos de color azul, pelo oscuro, más bien
largo y un poco grasiento. No demasiado alto, vestido totalmente de
negro, con pantalones de deporte y zapatillas de skate
demasiado anchas y muy desgastadas.
-¿Hola?
¿Te has perdido o qué? -El mocoso este me acaba de cortar el rollo
por completo. Al verme, su expresión ha cambiado: ahora me mira con
cierta displicencia.
-Ts.
¿Y tú que haces aquí? Tienes una pinta de estirada que no puedes
con ella. ¿Que fue? ¿Pastillas?
-Me
rajé las venas, gilipollas. ¿Sorprendido? Apuesto a que te
desmayarías si vieras la escena. ¿Y tú qué? A ver, demuéstrame
cuán valiente eres.
-Un
tiro. Un tiro en el costado. No era plan de traumatizar a la abuela
con bañeras llenas de sangre. Muy dramático para mi gusto.
-Menudo
payaso.
-No
me gustas,...
-Samantha.
Me llamo Samantha.
-...Samantha.
-¿Pues
sabes qué? Tú tampoco me gustas a mí, Ángel. -el nombre salió
solo de mi boca.
-¿Cómo
sabes mi nombre?
-Tienes
una cara de Ángel que no puedes con ella. - Le espeté. Luego me di
la vuelta y dejé de malgastar mi tiempo con él.
III:
Tinta
Supongo
que siempre puedo preguntarle a alguien más que no sea la inútil
esta. Esta chica me irrita. Pero el orgullo siempre me gana la
batalla, y está decidido a que sea yo el que diga la última
palabra. Mi mano salta y aterriza alrededor de su muñeca,
impidiéndole alejarse.
-Espera,
necesito preguntarte algo. -ella se gira con un movimiento exasperado
de su larga melena rubia.
-Dispara.
-hace una pausa y me mira con unos ojos pardos llenos de cinismo- ¿Lo
pillas? ¡Dispara! Há.-ignoro la referencia a mi muerte
autoinfligida y me subo la manga izquierda.
-¿A
ti también te ha... salido, por así decirlo, un tatuaje? - le
muestro el dibujo en mi antebrazo, y ella lo observa con atención.
Un lobo. Ignora mis cicatrices por completo, se centra en la tinta.
Por supuesto, las cicatrices inconfundibles que deja la autolesión no
impresionan a ningún suicida.
Entonces
ella también se sube la manga.
Ninguna
cicatriz. Ni siquiera se chutaba nada, como muchos de los que he
visto subir a la par que nosotros, juzgando por las apariencias.
Solamente un lobo, pero el suyo es diferente. Levanta la mirada y sus
ojos encuentran a los míos. Ya no queda en ellos ni rastro de su
arrogancia de hace unos momentos. Sólo pánico contenido.
-Ángel,
yo no me he tatuado esto.
-Yo
tampoco, qué quieres que te diga.
-¿No
entiendes la gravedad del asunto? ¿De dónde han salido? ¿Crees que
somos los únicos que los tienen? ¿Qué significan?
-Estás
muerta. ¿Tanto te importa? - supongo que la miro como si estuviera
loca mientras me encojo de hombros y me giro para continuar andando.
Bah. Ya me ha dicho lo que quería saber.
IV:
La Casa Del Sol Naciente
Aquí
estamos todos. Reunidos en la Casa del Sol Naciente. Por supuesto, la
Casa del
Sol
Naciente no es ninguna casa, solamente un claro en el bosque donde
las ramas de los árboles que lo bordean se han trenzado para formar
una curiosa cúpula. Pero la misteriosa chica que nos ha conducido
hasta aquí y que ahora está sentada sobre una rama balanceando sus
pies calzados con unos botines negros de cordones sobre nuestras
cabezas la ha llamado “la Casa Del Sol Naciente”, así que supongo
que ese es su nombre.
-A
ver, atendedme, atendedme todos. Bienvenidos a La Isla. Mi nombre es
Sam, y soy el Santa Claus de todos los suicidas. ¡La Navidad os ha
llegado temprano este año, chavales! En lugar de ir al Infierno, os
toca pasar toda la eternidad aquí, en mi pequeña creación
literaria. Limbo particular, por cortesía de Sam Umi Kuchiki. - da
un par de palmadas a la rama en la que está sentada, mientras barre
la estancia con sus ojos castaños oscuros brillantes del orgullo y
delimitados de oscuridad inescrutable. Después sacude su ondulada
melena negra con resolución y dice...- ¿Preguntas?
Un
clamor de voces se erige entre los presentes en cuestión de
segundos.
-Pero
seréis desagradecidos... - nuestra anfitriona suspira resignada
mientras niega suavemente con la cabeza. - A ver, tú. -señala hacia
Ángel- Dime qué te pica.
-¿Cuáles
son las normas? ¿Y la organización política? ¿Quién manda?
-Estáis
de suerte. A diferencia del Cielo y del Infierno, en mi Isla el trono
está desierto. Claro está que podría haberme autocoronado, ya que
todo lo que veis a vuestro alrededor es puramente obra mía, -el
orgullo en su voz se acentúa- pero... Sería una pena que unas
mentes tan fascinantes como las vuestras tuvieran que someterse a
nadie. Sois plenamente libres. Lo único que no se os permite es
alterar mi creación. Por lo demás, en La Isla ni siquiera las leyes
de la física se aplican. Ya sabéis lo que dicen algunos ineptos en
el mundo del que provenimos... “Si puedes soñarlo, puedes
hacerlo”. Pues bien, me he tomado el privilegio de hacerlo realidad
para vosotros. Adelante, comprobadlo. - Levanta una mano, y sopla
entre sus dedos. Lo que parece una rosa blanca surge en su mano. - Lo
de soplar es solo por darle un toque efectista, por cierto. - Guiña
un ojo con complicidad. - Os está permitida la destrucción de
cualquiera de vuestras creaciones o las de vuestros semejantes, pero
no dañar el paisaje o las criaturas de mi Isla. ¿Queda claro? - y
mientras dice estas palabras va rasgando la rosa con sus dedos en
pequeños pedacitos. Luego sopla de nuevo, y una lluvia de miles de
trozos de papel cae sobre nosotros. Miles. Tantos que parece una
nevada. Muchos más de los que había en la cuenca de sus manos. Me
quedo mirando fascinada como esta nieve de papel cae despacito
hacia el suelo, y una pregunta me cruza la mente “¿Es una bruja?”.
Alzo la vista hacia ella de nuevo, maravillada, y por un instante soy
como una niña en Disneylandia o en un show de circo.
-Ahora,
¡Fuera de mi vista! No responderé a más preguntas. -el hechizo que
ejercía sobre mí se rompe, y yo vuelvo a ser yo- ¡Buena suerte
encontrando vuestro árbol! Lo más probable es que vuestro lobo os
encuentre a vosotros antes de que tengáis tiempo de tan siquiera
buscarlo... - en su cara se dibuja una media sonrisa traviesa, y
suelta una risita más propia de su edad que nada de lo que haya
hecho hasta ahora.
¿Nuestro...?
Una intuición repentina hace que me suba las mangas de nuevo, ambas
esta vez. Ahí está, en mi brazo derecho. Un árbol de la cereza.
Alguien
ve mis tatuajes, y decide copiarme.
Pronto
ya todos se han subido las mangas y se miran los tatuajes entre
gritos de sorpresa ahogados. Un lobo en la izquierda, un cerezo en la
derecha, todos en un patrón invariable de semejanza y todos
diferentes entre ellos.
Levanto
la vista hacia la extraña adolescente que dice ser creadora de La
Isla, y me dirige una sonrisa de aprobación combinada con una de sus
enigmáticas miradas llenas de inteligencia.
Mientras
sus ojos permanecen clavados en los míos, su voz resuena en mi
mente: “Papel, Samantha... Todo esto es de papel. Ahora estás en
un reino de letras.”
Entonces
da un salto increíblemente ágil, y antes de que pueda tocar el
suelo en lo que habría sido una perfecta caída en cuclillas, Sam
Umi Kuchiki desaparece.
No
la había creído hasta ahora, pero oigo a una loba aullar a lo
lejos, y algo en mi interior se despierta. ¿Espera, como he sabido
que es una loba?
Algo
me dice que sus aullidos no los captan mis oídos, sino otra cosa más
profunda.
Decido
ponerme en marcha. La Isla me espera.
EPÍLOGO
Estáis
a la altura, y Sam lo sabe. Por eso os ha dado un hogar. Para
vosotros no todo es blanco o negro, suicidas. El Cielo y el Infierno
no sirven para vosotros.
¿Queréis
saber a dónde van las almas cuando la luz que hay en ellas se
consume por completo? A la misma negrura sin fin de la que nacieron.
O ahí es a dónde iban hasta que Sam creó La Isla para ellas. Las
almas que van al Cielo llevan la luz celestial en su interior dese su
nacimiento hasta su muerte. Aquellos destinados al Infierno ven
reflejadas en el espejo sus llamas desde el momento en el que se
condenan. Y las llamas también iluminan. Pero los suicidas son
criaturas que han perdido toda luz, y Sam no quería que sus almas se
perdieran.
¿Sabéis
lo que es un suicida, humanos? Deberíais, porque sois la raza
suicida por excelencia. Un suicida es un hombre que ha sacado las
tinieblas de lo más hondo de su alma y ha recuperado la oscura
esencia de cualquier cosa viva entre la confusión que la luz puso en
su interior. Algún día tal vez lleguéis a oír esa historia. Sam
la conoce, la conoce muy bien. Para ella, la luz y la sombra son los
únicos dioses que existieron jamás.
Un
suicida es alguien que supo reconocer la muerte cuando la halló en
sí mismo, y lejos de temerla, la liberó.
Esa
es la única manera de abrir el Portal a La Isla: rendir homenaje a
su creadora. Negar a la luz su control. Sacrificarse a tu sombra
interior y volver al lugar de dónde toda alma viene: la negrura
infinita. Las profundidades dónde la primera sombra despertó.
Pero
como ya he dicho, la indicada para contar esa historia es Sam.
Tal
vez en otra ocasión.
*****
Twitter oficial del proyecto Neminis Terra: @neministerra
Blog oficial del proyecto: http://reivindicando-blogger.blogspot.com/
Anterior relato: "Jugada", de Nova Grosvenor
Link del blog donde se publicará el próximo relato: http://thesandsofthetime.blogspot.es/
domingo, 7 de septiembre de 2014
Hacerse comprender
Para que sientas lo que yo, haré que te extirpen el corazón, rebosante de sangre y todavía palpitante, de tu vivo pecho, y lo haré estallar contra el suelo aplastándolo, despiadada, con la accidentada suela de mis botas militares.
海♡
海♡
Fire and fury
De pronto tengo ganas de vomitar. Y mire a donde mire solo veo mi sangre escurriéndose sobre la porcelana blanca de tu lavabo. Por lo menos creo que es la mía. Y mi cuello no sostiene mi cabeza y mis pies se sienten como si esta casa más que una casa fuera un barco.
海♡
Ojalá pudiera vomitar. Pero aunque me metiera lo dedos hasta el mismo corazón aún me ardería la garganta del tabaco (y de todos los besos que me imagino, porque hay muchos tíos sueltos por ahí con ojos igual de tiernos o más que tú que jamás me besarían por muy drogados que estuviésemos), y tanto el tabaco como todos los fantasmas de mi pasado seguiríais siendo agujas en mis pulmones cada vez que el aire los roza siquiera.
Pero tengo que seguir respirando. Bienvenidas sean las agujas. Esta tortura, de tierna, no tiene nada. Debiste haberme avisado antes de mirarme.
martes, 22 de julio de 2014
El andén
Oí mi nombre de nuevo.
Pero esta vez, antes de girarme, lo percibí, cómo cuándo los pájaros vuelan en círculo antes de que llueva, e igual que las vías tiemblan al aproximarse un tren.
Y me di la vuelta.
Y los vientos se desataron, y vino el tren y no me moví un ápice de la vía.
Si ese era el precio por ver sus ojos un poco más... Entonces, que me atropellara. Tanto él como yo llevábamos ya la muerte en los ojos, y el alma en las manos.
Quiero su alma, Dios, y quiero sus ojos, y quisiera poder tener sus manos.
Lo quiero todo, aunque me atropelle.
海♡
Pero esta vez, antes de girarme, lo percibí, cómo cuándo los pájaros vuelan en círculo antes de que llueva, e igual que las vías tiemblan al aproximarse un tren.
Y me di la vuelta.
Y los vientos se desataron, y vino el tren y no me moví un ápice de la vía.
Si ese era el precio por ver sus ojos un poco más... Entonces, que me atropellara. Tanto él como yo llevábamos ya la muerte en los ojos, y el alma en las manos.
Quiero su alma, Dios, y quiero sus ojos, y quisiera poder tener sus manos.
Lo quiero todo, aunque me atropelle.
海♡
The Fall
¿Recordáis aquella vieja pregunta de las clases de ciencias? La de "Si un árbol cae en medio de un bosque solitario y nadie lo oye, ¿el árbol hace ruído?"
Hoy han empezado a caer los árboles de La Isla. El primer cerezo se precipitó desde su altura milenaria hacia el suelo y estalló en millones de pedazos de cristal, y el estruendo resonó por mi isla como el canto de una singular sirena. Pero soy la única que escucha. ¿Ha hecho ruído mi árbol? Mi árbol ha caído, y puedo imaginarlo estrellado en el suelo, roto, desamparado. Y madera, astillas por todos lados, y pétalos congelados, arrancados de sus flores de sakura. Y los restos intactos de su cobertura de hielo desperdigados por los alrededores, y tanta belleza desperdiciada, tantos años de silencio perdidos, arruinados sólo por un estallido desgarrador. Y a su lado, los cerezos próximos siguen llorando quedamente, y saben que les llegará la hora como le llego a él. El hielo ya no es promesa de eternidad para ellos. Sólo de frío.
La Isla se viene abajo. Y sólo yo escucho. La Isla está enferma.
Ni siquiera las sirenas más allá de los acantilados pueden oírnos ahora. Nadie me oye mientras caigo.
Soy un árbol. Soy un árbol en el bosque de La Isla. Soy un árbol y he caído, y he hecho mi ruído, pero el bosque de La Isla es un bosque solitario, y nada ni nadie me ha escuchado, excepto los otros árboles. Y, como me advitieron todos cuando me exilié aquí, los cerezos no pueden ayudarme.
Cierto, pero son hermosos. He caído rodeada de belleza, de esa belleza que tienen los árboles, la niebla, la brisa del mar... La belleza que no siente, que no juzga.
No puedo pedir más.
海♡
Hoy han empezado a caer los árboles de La Isla. El primer cerezo se precipitó desde su altura milenaria hacia el suelo y estalló en millones de pedazos de cristal, y el estruendo resonó por mi isla como el canto de una singular sirena. Pero soy la única que escucha. ¿Ha hecho ruído mi árbol? Mi árbol ha caído, y puedo imaginarlo estrellado en el suelo, roto, desamparado. Y madera, astillas por todos lados, y pétalos congelados, arrancados de sus flores de sakura. Y los restos intactos de su cobertura de hielo desperdigados por los alrededores, y tanta belleza desperdiciada, tantos años de silencio perdidos, arruinados sólo por un estallido desgarrador. Y a su lado, los cerezos próximos siguen llorando quedamente, y saben que les llegará la hora como le llego a él. El hielo ya no es promesa de eternidad para ellos. Sólo de frío.
La Isla se viene abajo. Y sólo yo escucho. La Isla está enferma.
Ni siquiera las sirenas más allá de los acantilados pueden oírnos ahora. Nadie me oye mientras caigo.
Soy un árbol. Soy un árbol en el bosque de La Isla. Soy un árbol y he caído, y he hecho mi ruído, pero el bosque de La Isla es un bosque solitario, y nada ni nadie me ha escuchado, excepto los otros árboles. Y, como me advitieron todos cuando me exilié aquí, los cerezos no pueden ayudarme.
Cierto, pero son hermosos. He caído rodeada de belleza, de esa belleza que tienen los árboles, la niebla, la brisa del mar... La belleza que no siente, que no juzga.
No puedo pedir más.
海♡
domingo, 13 de julio de 2014
Magica delirium
Mi miedo a la realidad me empujó a la locura. Porque vi la magia, porque leí la gloria y la fantasía, porque me enamoré de lo inalcanzable. Y no hubo vuelta atrás. Si tales maravillas eran imposibles en mi mundo, prefería exiliarme.
No, mi miedo a la realidad no me empujó a la locura. Me lancé a la locura de cabeza y de forma deliberada. Elegí creer en aquello que sabía que no era real y vivir con ello, proyectar mis ojos de cristal coloreado sobre el mundo y rodearme de ilusiones absurdas, sabiendo que los ojos de cristal no ven y que las ilusiones no son vida. Predije que enloquecería, era consciente de que todo aquello que había soñado no era real, pero preferí obligarme a mi misma a creerlo, fingir ante mi mente que esa era mi realidad, porque mi alma no podía soportar la prisión de mi cuerpo: tan humano, tan normal. Tan jodidamente ausente de magia, tan dolorosamente vacío de espíritu y de poder.
Otros hacen arte de lo mismo de lo que yo hago delirios.
海♡
No, mi miedo a la realidad no me empujó a la locura. Me lancé a la locura de cabeza y de forma deliberada. Elegí creer en aquello que sabía que no era real y vivir con ello, proyectar mis ojos de cristal coloreado sobre el mundo y rodearme de ilusiones absurdas, sabiendo que los ojos de cristal no ven y que las ilusiones no son vida. Predije que enloquecería, era consciente de que todo aquello que había soñado no era real, pero preferí obligarme a mi misma a creerlo, fingir ante mi mente que esa era mi realidad, porque mi alma no podía soportar la prisión de mi cuerpo: tan humano, tan normal. Tan jodidamente ausente de magia, tan dolorosamente vacío de espíritu y de poder.
Otros hacen arte de lo mismo de lo que yo hago delirios.
海♡
miércoles, 2 de julio de 2014
Ir y quedarse
Puede que me vaya.
No. De hecho, me iré. Me iré, y lo sabéis tan bien como yo, o mejor. Me iré cubierta de promesas, igual que llegué. Me iré con ojos que digan que traeré más cuando vuelva, igual que siempre que me voy, igual que cuando me duermo. ¿Pero más de qué?
¿No os da miedo?
Sí. Os asusta tanto como a mí. Admitidlo. Admitidlo como yo lo admití ante mí misma, como ahora lo admito. Sea lo que sea ese más, creéis que no os hace falta. En lo que a vosotros respecta, yo ya estoy completa. Pero yo lo necesito, y necesito que lo entendáis.
Creeros las promesas en mis ojos una vez más, igual que os creísteis todas y cada una de las que os hice, desde la primera. Porque si estoy aquí, si estoy escribiéndoos esto, si estáis leyéndolo, es porque también os creísteis esa. Creedme.
Creedme, porque volveré. Y puede que sea diferente, pero también seré la misma. Y no olvidaré lo que vosotros me habíais prometido en silencio. Vosotros también llevaréis promesas en los ojos cuando me digais adiós, o más bien "hasta pronto".
Sabedlo.
Sabedlo tan bien como yo.
海♡
No. De hecho, me iré. Me iré, y lo sabéis tan bien como yo, o mejor. Me iré cubierta de promesas, igual que llegué. Me iré con ojos que digan que traeré más cuando vuelva, igual que siempre que me voy, igual que cuando me duermo. ¿Pero más de qué?
¿No os da miedo?
Sí. Os asusta tanto como a mí. Admitidlo. Admitidlo como yo lo admití ante mí misma, como ahora lo admito. Sea lo que sea ese más, creéis que no os hace falta. En lo que a vosotros respecta, yo ya estoy completa. Pero yo lo necesito, y necesito que lo entendáis.
Creeros las promesas en mis ojos una vez más, igual que os creísteis todas y cada una de las que os hice, desde la primera. Porque si estoy aquí, si estoy escribiéndoos esto, si estáis leyéndolo, es porque también os creísteis esa. Creedme.
Creedme, porque volveré. Y puede que sea diferente, pero también seré la misma. Y no olvidaré lo que vosotros me habíais prometido en silencio. Vosotros también llevaréis promesas en los ojos cuando me digais adiós, o más bien "hasta pronto".
Sabedlo.
Sabedlo tan bien como yo.
海♡
viernes, 20 de junio de 2014
La Isla tiene dueño, y no le va la poesía
Hoy quiero escribirte un texto a ti. Quiero escribirte porque sé que escribo sobre el vacío y sobre el verano, sobre la paz, los invernaderos y la tinta, sobre acero y sobre polillas. Pero hoy quiero escribirte a ti.
Estoy intentando escribirte a ti, y no al vacío, o al verano, o a la paz, o a los invernaderos, ni a la tinta ni al acero, ni a las polillas.
Pero creo que lo estoy intentando demasiado.
Siempre he escrito. Eso no puedo negarlo. Siempre he escrito sobre el verano porque innevitablemente siempre ha habido un verano en mi vida. Una guerra, un prado, un papel, una herida, una lámpara encendida.
Pero nunca he tenido un tú.
Y no sé como escribirte.
Eres algo nuevo.
Continuará/continuaremos.
海♡
Estoy intentando escribirte a ti, y no al vacío, o al verano, o a la paz, o a los invernaderos, ni a la tinta ni al acero, ni a las polillas.
Pero creo que lo estoy intentando demasiado.
Siempre he escrito. Eso no puedo negarlo. Siempre he escrito sobre el verano porque innevitablemente siempre ha habido un verano en mi vida. Una guerra, un prado, un papel, una herida, una lámpara encendida.
Pero nunca he tenido un tú.
Y no sé como escribirte.
Eres algo nuevo.
Continuará/continuaremos.
海♡
lunes, 9 de junio de 2014
La rosa de papel
Tú también tienes tu rosa. Pero... ¿a que huele? Huele a nada, ¿cierto? Huele a vacío. Porque tu rosa es una rosa de papel. Pero aún así está espinada, ¿verdad? O quizás seas tú quien la siente así, y por eso nadie más nota que te sangran las manos. Pero no la sueltes. No sueltes tu rosa, aunque te mueras de pena. Aférrate a ella como a clavo ardiendo, porque es todo lo que te queda. Tu rosa de papel es todo lo que tienes, pequeña. No mires alrededor, no cruces tus ojos con los de las otras niñas, con sus rosas frescas de primavera, o querrás quemar la tuya. ¿De quién, de quién es la culpa de que tú tengas solamente una rosa de papel? No imputes tus pecados al rosal. La culpa no es suya. Te has quedado sin nadie a quién culpar de tus crímenes: eres tú quien tiene sangre en las manos, aunque sean heridas que te hiciste tú solita con tu rosa de papel.
海♡
海♡
Tristes locos
Hay distintos tipos de diversión. Y sí, existe la clásica diversión feliz, la de casi todo el mundo.
Pero luego está esa diversión triste que tendemos a sentir los que disfrutamos autodestruyéndonos.
Y creo que el triste loco que se divierte padece el peor tipo de locura. Y el peor tipo de tristeza.
Y estoy cien por cien segura de que disfruta del peor tipo de diversión.
海♡
Pero luego está esa diversión triste que tendemos a sentir los que disfrutamos autodestruyéndonos.
Y creo que el triste loco que se divierte padece el peor tipo de locura. Y el peor tipo de tristeza.
Y estoy cien por cien segura de que disfruta del peor tipo de diversión.
海♡
Paisaje de La Isla | "Aquella que sabe escuchar"
Sólo me rodea un inmenso bosque de cerezos que cubre toda La Isla. Más allá, el océano. Nada más. Está lloviendo, y hace tanto frío que el aire huye de mis pulmones y se me escapa en densas bolutas de baho. Algunas partes del terreno, las más altas, están cubiertas de hielo y nieve, y carámbanos y estalactictas cristalinas copan los árboles en flor. Los cerezos de este bosque jamás dan fruta. Los lobos campan a sus anchas y aparecen de entre la niebla cuando menos me lo espero para saludarme en silencio. Resuenan sus aullidos, pero sólo a lo lejos. Ahorcados se mecen aquí y allá. No en vano es esto un bosque. Todo lo demás es silencio, tanto que puedo oír el flujo de mi propia sangre por mis venas. Mi corazón late, imparable pero cansado, y, con cada vez que palpita, no me hace sentir más cerca de la muerte. No, eso me tranquilizaría. En cambio, cada latido me recuerda que estoy dolorosa e innegablente viva.
Pero no importa, porque sé que, algún día, yo también me meceré en la brisa de La Isla. Y, cuando mi cuerda se pudra, seré pasto de los lobos.
海♡
Pero no importa, porque sé que, algún día, yo también me meceré en la brisa de La Isla. Y, cuando mi cuerda se pudra, seré pasto de los lobos.
海♡
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