La dama oceánica

lunes, 7 de diciembre de 2015

Meridiano

No puedes ser lobo y temer como una oveja, ni puedes ser oveja si no solo comes hierba. No puedes ser lobo y vivir en un rebaño, no puedes ser oveja y ser un solitario. No puedes pretender ser libre de hacer lo que te plazca si tienes que seguir la ruta que el pastor te marca. Si no sigues al pastor, no puede protegerte.

debes
elegir

No puedes seguir sufriendo como ambos. Como lobo encadenado y como oveja a la intemperie.

Si eliges lobo, abandona el miedo. Si eliges oveja, olvida a tu presa.
Si eliges lobo, pierdes al rebaño. Si eliges oveja, ganas las cadenas.

pero
elige

Overture


She has a heart for love
and a mind for murder
so be her friend, or her foe
but don't be her                                 lover


She wears a sheep's clothing
she feels a sheep's hurting
but down underneath
the wolf won't stop                           preying

lunes, 24 de agosto de 2015

Alerta

¿Cuántos poemas se habrán escrito sobre besos? ¿Labios sobre labios, alientos entremezclados, respiraciones irregulares, manos peregrinas?

Incontables. Y ya está todo dicho.

Entonces esta noche os contaré de qué va el instante de destrucción total que precedió a este beso.

Esos diez minutos y medio en el que tanto tú como yo supimos ya que sucumbiría, que sucumbiríamos a esta espiral de sueños trizados, de necesidades, de miles de horas tratando de razonar lo irrazonable. Yo te quiero, tú me deseaste. Fue suficiente para que tras tantos instantes previos al amor sin palabras, este se uniera al compás.

Nunca más, nunca más, nunca más...

¿Nunca más?

lunes, 10 de agosto de 2015

#DosCeros: Cualquiera (#ReivindicandoBlogger)

«La desdicha es muy variada. La desgracia cunde con las más diversas formas en la tierra. Desplegada por el ancho horizonte, como el arco iris, sus colores son tan variados como los de éste, a la vez tan distintos y tan íntimamente unidos». — E. A. Poe (1809 - 1849)

miércoles, 8 de julio de 2015

Palabras sobre palabras

Ahora que la pintura está seca, ahora que el tiempo ha desadherido pedazos de mis escritos de la pared interminable de mi vida aquí y allá, logro discernir sus auténticos colores. Ahora que están desgastados, vahídos, sé distinguirr por fin con claridad cuales me causarían satisfacción si perduraran y cuales me parecen una máscara absurda de diseños sin voz, de café sin filtrar, de palabra sobre palabra, así, sin más.

Admito ante mi propia alma descarrilada y cualquier otro viajero al que le interese que jamás he de avergonzarme de la verdad, que nunca arrojaré mis viejas realidades al mar, por ridículas que me parezcan vistas a través del extraño caleidoscopio de la perspectiva.

Mas de estos actores sin guión, de estas pelucas grises, de estos lienzos despilfarrados que se apilan en la esquina opuesta del vagón, de estas palabras sobre palabras, que un día encadené así sin más, como una joven ociosa hace coronas de flores muertas, de estas tazas de té en bolsa... Reniego. Reniego, palabra a palabra, así, sin más.

Qué mayor valor que admitir la vergüenza de haber sido prematura, apremiante, incapaz.

Sam 海♡

jueves, 7 de mayo de 2015

Entre pulmón y pulmón

Llevo metidos entre pulmón y pulmón
a muchos niños,
y a otros tantos hombres
o hombres en proyección.
Tantos son, tantos son,
que entre pulmón y pulmón,
está tan lleno, tan lleno,
que no me queda corazón.

海♡

Oda a una mentira

Hoy vengo a pedirte
una mentira extraordinaria.
Pues ya no te pido que me quieras
(que he perdido la esperanza),
sino que hoy vengo a pedirte
que me engañes, aunque sea a mala gana.

Vengo a pedirte que me sonrías
aunque estés muerto por dentro.
Que me llames
aunque sea sólo porque ella no te coge el teléfono.
Que me toques
aunque no se te mueva el alma, sólo los dedos.
Que me digas que me quieres,
porque yo sí que te quiero.

Pero tienes el corazón puro,
y hacer el mal te da pereza.
Te ofrezco mi reino
por dos miradas, tres sonrisas,
cuatro noches, cinco estrellas.
Pero tú eres un buen cristiano,
y rezas por tocarla a ella.
¿Cuál es el precio que tengo que pagar
por ser el faro entre tu niebla?

海♡

miércoles, 6 de mayo de 2015

Que no quiero que me curen

Que no, mamá, que no quiero que me curen.
 Que ya sé que lo que escribo te preocupa,
 pero he sobrevivido así muchos años,
 y sobreviviré los que vendrán.
 Tú déjame que escriba.

Que no, mamá, que no quiero que me curen.
Que yo sé muy bien que la yo enferma es la yo real.
No me quites lo que me queda,
no me hagas ser igual.
Si no soy oscura, si no estoy vacía,
si no me aterrorizo con mis sombras a mí misma,
no soy nadie, no soy nada,
dejaré de respirar.

Es preferible ser sufriendo.
No me arranquéis mi enfermedad.

De montañas, viajes en barco, y montañas rusas

He pasado años y años escalando. Y sigo sin ver el cielo, no me acerco a la cumbre ni por asomo, no hay forma de asegurarse tan siquiera de que me muevo hacia arriba. ¿Qué hago, qué he hecho, que me han hecho, qué me hacéis tan mal para que nada me sirva? No sirvo, no sirven, no me quiero, no me queréis. Tengo tantos sueños y tan pocas esperanzas. Y tantas, tantísimas expectativas estúpidas.

No quiero seguir escalando. ¿Qué pasa si me duermo un día y me despierto de vuelta en la base de la montaña? Seguramente ni me diese cuenta. ¿Y si nunca dejé la base? Todo habrá sido en vano.

No me tiréis cuerdas. Yo no soy un escalador como otro cualquiera.

No me lancéis salvavidas. Yo no soy una persona: soy una piedra, y como tal, me hundiré.

jueves, 23 de abril de 2015

El ahogado

Mientras mis pulmones se llenan de agua dulce y mis ojos se inundan de agua salada, mientras las fuerzas imparables que dominan nuestro universo me arrastran hacia las profundidades, mientras observo mi mano extendida desaparecer por encima de mi consciencia, y veo que los últimos rayos de sol se desvanecen fuera de mi alcance, no siento nada en especial.

Siempre he oído a la gente comentar que ahogarse debe de ser una muerte horrible: sofocante, desesperada, angustiosa, desapacible. Una asfixia lenta y agonizante.

Pero yo no sufro más en mis últimos momentos de lo que sufrí cada hora de mi vida.

Llevo demasiados años ahogándome como para notar la diferencia.


海♡

miércoles, 22 de abril de 2015

Vamos a dejar algo claro de una vez por todas

No escribo porque se me dé bien,
que no.
No escribo porque tenga mucho que decir,
que eso tampoco.
No escribo para que la gente me elogie,
que ya me gustaría que lo hicieran.
No escribo por costumbre 
uno jamás se acostumbra a escribir.
No escribo porque me sobre el tiempo 
más bien es al revés.
No escribo porque una voz de los cielos susurre a mi oído las palabras 
de hecho, se busca musa trabajadora y ordenada.

Escribo por vivir.
Escribo
porque puedo.
Escribo,
simplemente,
porque tengo que escribir.

海♡

Un árbol florece sobre los tejados: 村上 春樹 (Haruki Murakami) #PGLiteratos



Introducción - 村上 春樹 と私を (Haruki Murakami y yo)


Haruki Murakami tenía 29 años y era dueño de un local de jazz llamado Peter Cat en Tokyo el día que comenzó a escribir. Asistía como espectador a un partido de béisbol en el estadio Jingu cuando, nada más ver al jugador americano Dave Hilton batear un doblete, se dio cuenta, sin más, de que entre sus infinitas posibilidades (bendito sea el libre albedrío), se encontraba escribir una novela.




Esa  misma noche, Haruki Murakami comenzó a escribir Oye Cantar Al Viento, novela que sería publicada en Japón apenas un año más tarde. Hoy mismo (exactamente trece novelas, cuatro colecciones de relatos, tres obras de ensayo y un relato corto más tarde), a golpe de 22 de abril de 2014, con sesenta y seis años a cuestas, probablemente se haya pasado escribiendo por lo menos cuatro horas desde que ha amanecido; y corriendo, a saber cuántas.





Si me preguntaran por qué Haruki Murakami es mi escritor favorito, o casi, seguramente diría que es porque, sin lugar a dudas, este hombre nacido al otro lado del mundo, exactamente cincuenta años y treinta y seis días antes que yo, me entiende. Este hecho me resulta fascinante; misterioso, y a la vez, revelador.  No me ha visto, no me ha tocado, no me conoce, y me ha cambiado para siempre. También porque compartimos muchas cosas, entre ellas las que siguen: un afecto irracional hacia los gatos de toda clase, color, y forma; un gusto refinado en lo que a música clásica se refiere; la afición de correr; y una dedicación infinita a desentrañar los secretos de todo aquello que suele considerarse  ordinario. Tengo tantas, tantísimas cosas que preguntarle...





TORMENTAS DE TIEMPO Y ARENA

Me siento frente a la ventana. Observo el amplio semi desierto que se extiende frente a mi casa, veo mi coche, aparcado a la sombra del cobertizo. Algún que otro arbusto por aquí y por allá. A lo lejos, otras casas, muy similares a la mía. Seguramente antes hubiera trigo entre esos otros humanos y yo, o tal vez maíz. O vete tú a saber que otro cultivo. Pero ahora, nada. Ahora vacío, tierra seca, toneladas y toneladas de arena. Todos los libros que me leí antes de mudarme aquí no exageraban: en las grandes llanuras del centro de Norteamérica, importa poco si estás tres mil kilómetros más al Sur o al Norte. No tienen fin. Escapar es complicado.

Sé lo que se me viene encima, estoy preparado, ya no siento miedo o anticipación.

"Viajará desde el polvo al polvo del que nació, vivirá la muerte, y volverá."

Ese era yo. No comprendí la profecía que aquella extraña mujer me había adjudicado hasta que llegué a este lugar, y no creí en ella hasta que me vi envuelto en mi primera tormenta de arena.

Tendría alrededor de treinta y tres años y dos meses. Estaba sentado bebiendo té verde en la cocina cuando el viento comenzó a soplar, endiablado, en ese espacio tan extraño para los que estamos dentro: afuera. No es ninguna novedad que el viento sople, me dije. Me levanté, y para amortiguar el molesto sonido del vendaval, puse un vinilo al azar en el tocadiscos. Era afortunado de tener un tocadiscos: pertenecía a mi tío, el que antes vivía en esta casa. Lo compró al poco tiempo de que se comercializaran en el mercado, calculo que debió de ser alrededor de 1928. Cuando él murió y yo me mudé, nadie se molestó en llevarse nada, asíque yo aproveché la excusa para empezar a coleccionar discos. Por aquel entonces ni tan siquiera sospechaba que sería el aparato viejo de mi tío y mi extraña recopilación de óperas, conciertos, y demás música clásica europea, la que salvaría el cuello a mi cordura cuando al otro lado del cristal rugieran las tormentas. El caso es que puse un disco cualquiera y volví a sentarme, esta vez en la butaca del salón, la taza pegada a mi mano como si yo y el té verde ya demasiado templado fuéramos uno solo. En el tocadiscos comienzan a sonar las primeras notas del prólogo de Dido y Eneas, de Purcell.

Desde ese día, no pasó el tiempo. A este lado del cristal, el tiempo se paró en seco.

Yo viví, durante décadas, dentro del reloj de arena.

Al otro lado de las ventanas de mi casa, la vida seguía, la muerte se impuso, las tormentas de polvo jamás cesaron. Escuché en la radio que toda Europa había entrado en guerra, y que nuestro ejército tuvo que intervenir. Me pregunté si Jakey se habrá presentado voluntario para viajar a Normandía. Muy típico de mi hermanito: matarse defendiendo una libertad que no pertenece a nadie.

Pero yo seguía teniendo aproximadamente treinta y tres años y dos meses.


Fue el dieciséis de febrero del año mil novecientos noventa y nueve cuando por fin me decidí a salir al exterior. Asíque me puse mi mejor traje, impoluto como el primer día que me lo había puesto, más de medio siglo atrás. Me quedaba como un guante. No había engordado ni un gramo. Cogí las llaves del coche, agarré el pomo de la puerta, y la abrí, muy despacio.

El mundo no se tronzó en mil pedazos, como tal vez algo en mi interior esperaba. Me dí cuenta de que estaba aguantando la respiración. Tomé una bocanada de aire cautelosa. Nada. El mundo seguía ahí, el campo seguía ahí, el coche seguía ahí. Nada había cambiado. El mundo se veía exactamente igual que desde adentro, exceptuando el muy superior grado de claridad. Me doy cuenta de cuán sucios están los cristales de mis ventanas, tras años y años de tormentas de arena. Pero tampoco me importa mucho. No creo que vuelva.

Mi gato Hackoo se cuela entre mis piernas y olisquea el aire. Debe de tener al menos sesenta y tantos años, pero él tampoco ha envejecido ni un poco desde la primera tormenta.

Se me ocurre que, seguramente, en cuanto cruce la línea del horizonte, mi oasis en el tiempo desaparecerá. Tal vez debería traerme a Hackoo conmigo, pienso en ese instante. ¿No es curioso como en los momentos más cruciales la trivialidad suele ser protagonista?

Podría volverme adentro es el siguiente pensamiento que cruza mi mente. Pero es demasiado tarde.

No podemos desver un mundo que ya hemos visto.

海♡


domingo, 19 de abril de 2015

Samantha

En ocasiones, he de admitirlo, me canso de ser espectadora y me aventuro tímidamente (aunque no por ello de manera menos espectacular) bajo los focos. Pero normalmente hallo, muy a mi disgusto y contrariedad, que tengo poco que decir, y que no sé como decirlo. Al minuto me harto, y suelto el micrófono, frustrada.

Soy una chica sin voz.

Puede que un conocido o dos entre el público den palmas y sonrían, puede que alguna me diga que me quiere, puramente porque en lo más hondo de su corazón, sabe que esto es de buena persona. Y seguramente lo sea, me digo. Casi seguro que es buena persona. Pero me apoya a medias tintas.

Ella no tiene la culpa de que yo sea una chica sin voz.

Asíque tal vez uno esperaría que a estas alturas ya me haya acostumbrado a que nadie reclame mis talentos, a que el público jamás coree mi nombre, a que no me saquen nunca una mísera fotografía. Carezco de color, no tengo firma, no dejo rastros en la arena.

¿Quién va a escuchar a una chica sin voz?

Haciendo inventario de verdades se me clava un hecho en el corazón: yo soy lo único que evidencia la existencia de un yo, y cuando yo desaparezca, seré olvidada, pues la única capaz de recordar a la chica sin voz es Samantha, la chica sin voz.

No tengo nada que ofrecer exceptuando un desmesurado hueco envasado al vacío. Apuesto a que si tuviera voz, aquí dentro, la oscuridad se tragaría todos y cada uno de sus impersonales ecos.

Pero no hay de qué preocuparse, porque justamente esa voz es lo que no tengo.


海♡

sábado, 18 de abril de 2015

Necesidades básicas de la gaviota que camina sobre arena

Dedicadme una sonrisa inesperada,
un corazón de papel arrugado en una papelera,
una sopa de letras demasiado salada que os quema la lengua.
Dedicadme un sueño incomprensible,
un segundo al día,
un rayo de sol que os deje con las ganas.
Dedicadme una flor tímida cualquiera,
un árbol de hoja caduca ya seco,
dedicadme un café aguado en un vaso de cartón.
Pero, por lo que más queráis, dedicadme algo.

Dedicadme una respuesta al azar en un examen,
una camisa a cuadros nueva,
un rayazo en ese maldito coche que por poco no os atropella.
Dedicadme esa estrella pequeñita que os hace pensar si será real o de mentira,
una bolsa de té ya fría,
una etiqueta antigua aún pegada a una maleta.
Dedicadme tantas, tantísimas horas de ausencia,
dedicadme una nostalgia, una soledad vieja,
dedicadme una lágrima de vuestro dolor por otro, aunque sea.
Pero, por lo que más queráis, no me dejéis pasar sin dejar huella.

海♡

martes, 14 de abril de 2015

No preguntéis a un gorrión cómo las águilas planean

Unmoved — she notes the Chariots — pausing
At her low Gate —
Unmoved — an Emperor be kneeling 
Upon her Mat —

I’ve known her — from an ample nation — 
Choose One —
- Emily Dickinson -


Recuerdo un acontecimiento de años atrás que me marcó para siempre. Un encuentro conmigo misma, una salida de la crisálida.

Recuerdo a una mujer preguntarse cuándo un gorrión ha podido comprender a un águila.

Recuerdo miles de bandadas de gorriones enfurecidos, sus pechos poco profundos consumidos, susurrar contra tal ofensa. Pero la única que estaba en pie era ella.

Recuerdo no comprender qué ofensa habían hallado los gorriones en la expresión de un águila incomprendida. Y de repente, todo se volvió claro.

Tú eres un águila, descubrí. Yo soy un águila. Y si alguien no me entiende, es porque es un gorrión. Y si no tengo bandada, es pura naturaleza: las águilas planean solas en las alturas inalcanzables, las elevan otros vientos, otras nubes amparan su soledad, otras lunas se reflejan en sus pupilas negras.

Y recuerdo, oh, recuerdo con total claridad el día que te conocí a ti.

El día en que el viento por fin me arrastró hacia otra águila imperial.

No tuve miedo, como te habían temido todos los gorriones que te habías encontrado por el camino. En cambio, reconocí mis zarpas desgarradoras en tus propias armas despiadas, mi pico demasiado afilado en tu boca depredadora, mis ansias de volar hasta Betelgeuse en tus alas.

Y me enamoré, como se enamoran las águilas imperiales: de un modo perfecto para un corazón.

No tengamos hijos, me dije. Tengamos un Imperio.

Y tú me sonreíste, como medio escondiendo tu alma desconfiada. Pero a pesar de todo, supiste que un día me llamarías emperatriz, y que las estrellas nos tendrían envidia, y que nunca más tendría que sufrir tratando de mantenerme al paso insostenible de los gorriones, porque ahora tenía un águila con la que hacer círculos sobres sus cabezas pequeñas y despreocupadas.

Este, me dirías, es nuestro reino. No hay montaña lo bastante elevada como para que no podamos observarla desde las alturas. No hay copa de árbol en la que no podamos construír nuestro nido más seguro, no habrá acantilado que nuestras plumas de oro no hayan erosionado.

No habrá gorrión, no habrá gorrión, que no conozca nuestro nombres, emperador.

海♡

lunes, 9 de marzo de 2015

Kristallnacht

Tanto amor. Tanto amor, ¿y para qué? Para nada. No me sirve para nada. Tantos años mirando hacia fuera y cantando a corazón abierto cual pájaro enjaulado, y todo para que me pasen de largo, para que crean que soy amable. Tantos años de que nadie me tenga en cuenta. Puede que me acostumbre, pero eso no significa que el amor se vaya. Arde, y me consumirá a mí antes de extinguirse. Es el anhelo inmortal de los que viven tras paredes gruesas. ¿Es que no grito lo bastante alto? Apenas tengo voz, la jaula me la ha arrebatado. Tampoco sé volar. No hay escapatoria posible. Me pudriré aquí, pues. Me resigno, pero solo porque hay ventanas. Eso sí: ni una sola puerta. Al otro lado de la colina, desde la puesta de sol, me sonríes y me preguntas qué tal me ha ido el día. Y yo no puedo más que pensar que eres amable. Amable, y la octava maravilla de esta tierra enferma. Y de pronto, se hace de noche y tu sigues andando. Ignoras mi prisión.

Todos la ignoramos.

海♡



Carta de papel

9 de Marzo, 2015




Querido chico de papel,


La verdad es que no sé por qué te escribo en lunes. Leí en algún sitio que los lunes no son para las cartas de amor, y mi horóscopo de hoy no presagia buena suerte. Pero mala suerte la tuve desde el día en que nací, ¿verdad? No sé si fueron las estrellas, o mis padres, o el azar, pero nací en un mundo sin ti. Primer indicio.

Tampoco sé por qué te llamo “chico de papel”. Al fin y al cabo, tienes nombre, y auque seas de papel, tus ojos verdes tienen más que ver con las coronas de laurel que con una hoja blanca y unas gotas de tinta. Creo. No lo sé. Sé muy pocas cosas, chico de papel. Sobre ti, sé todo lo que puedo. Pero son muy pocas cosas.

A lo mejor es porque soy consciente de que hay muchos otros chicos de papel ahí fuera, ¿sabes? Y yo misma conozco muchos, muchísimos chicos de papel. Pero ninguno como tú. Te llamaría “mi chico de papel”, pero yo sé que no me perteneces. Asíque me decido por “chico de papel”. Es suficientemente genérico y ambiguo, sin perder cualidades descriptivas, sin ninguna imprecisión.

Creo que te gustaría esa frase. A ti te gustan las frases acertadas, las palabras justas. El lenguaje académico, las camisas planchadas. El verde, el negro, el naranja. Tocar el piano.

Yo también toco el piano. Y aunque no me gusta mucho el naranja, creo que a ti te queda bien. Lo mismo con el verde oscuro de tus ojos. Creo que es una forma especial de que te guste algo. No lo sé. Para mí este tipo de cosas son un poco misteriosas, sinceramente. Creo que lo que intento decir es que tus ojos no son bonitos porque sean verdes, sino que el verde es bonito porque son tus ojos. No espero que lo entiendas. Yo sé que a ti estas cosas no se te dan bien. No importa. A mí tampoco, ya lo ves. Me aburre mi propia carta.

No quiero chicos de carne y piel, chico de papel: quiero a un chico de papel, y quería que lo supieras.

Eso es todo.

Con todo mi amor de papel,



                                              Sam 海♡

domingo, 18 de enero de 2015

Aphania

Para Em, porque me cogió de la mano,
me cubrió con su cálida capa negra como un tizón,
y ya no estuve sola en mi rincón oscuro.


Allí estaba yo, sentada en mi rincón oscuro. Miles de palabras y textos arremolinados en mi mente. Miles de imágenes desorganizadas. Una pila infinita de libros, arrapiñados durante años en distintos lugares, un fajo de pergaminos cubiertos de frases y dibujos sin terminar, y un par de viejas plumas usadas hasta la saciedad eran mis únicos compañeros. El resto de la sala estaba oscura. Así, noche tras noche, con mi pequeña llama iluminando la tosca mesa de madera, viví bajo la luna en mi habitación oscura durante meses.

Yo no era como mis amigos, no era como mi familia. Ellos no entendían. Para ellos la literatura era belleza, para ellos era un pasatiempo, o una forma de transmitir historia.

Para mí era oxígeno. Asíque allí me pasaba las noches y los días, en mi rincón. En una sala oscura.

Aquella noche, como siempre, me rasgaba las entrañas en un intento vano de sacar algo en limpio de mi joven mente confusa que valiera la pena poner en tinta sobre papel, cuando alguien vino a tocar a mi puerta. Me sorprendí, me sorprendí mucho. Nadie tocaba jamás a mi puerta. Vivía sola. Crucé la habitación y miré a través de la mirilla. Al otro lado, solamente oscuridad. Me encogí de hombros.

Pero entonces oí una voz que (habría jurado) provenía del mismísimo corazón de la noche.

"Abre la puerta, por favor. Es importante"

Intrigada, corrí el cerrojo, y empujé la pesada puerta de roble hasta que estuvo abierta de par en par.

Nada. Solo oscuridad.

-Qué demonios...?

De pronto, una llama blanca surgió de la nada, a escasos treinta centímetros de mi nariz. Di un respingo y retrocedí un poco. La llama comenzó a crecer cada vez más y más, poco a poco. Tras la sorpresa inicial, me aproximé a observarla más de cerca. Nada ardía. Simplemente había una llama de color blanco flotando y crepitando frente a mi puerta. Una llama que estaba alcanzando unas proporciones preocupantes. Reculé hacia el interior de mi pequeña casita de madera. Empezaba a asustarme. La llama era ya más alta que yo.

Y de repente, ¡puf! El fuego se extinguío en un santiamén y un humareda blanca se elevó hacia el cielo nocturno entre las pequeñas casas de madera y piedra de los alrededores, por encima de los tejados de paja de la ciudad.

Ante mi se materializó una dama joven con ademán noble y mejillas redondas y rosadas, vestida de negro de pies a cabeza, con un sombrero picudo de ala ancha, un gato gris a sus pies, y lo que en la oscuridad me pareció un pulpo azulado posado sobre su hombro izquierdo. Un pulpo, pensé. Ridículo. Los pulpos necesitan agua marina para respirar.

Y entonces un hecho me atropelló como un carruaje a todo galope. Era una bruja. Una bruja de verdad. Una bruja de verdad acababa de materializarse frente a mi puerta. El corazón me dió un vuelco de la emoción.

La bruja soltó un par de toses. Yo esperé extasiada a que dijera algo. Se sacudió la falda, se colocó el sombrero, y entró, sin más. Me hice a un lado para dejarla pasar. Se sentó en mi silla, en mi rincón, y comenzó a revolver mis borradores. Parecía ignorar mi presencia por completo. Yo me quedé ahí de pié, mirándola atónita.

-Ejem. - carraspeé- Esto, señora bruja, yo...

Cuando apenas había dicho esto, se giró y me miró, la sorpresa pintada en sus ojos pardos.

-Oh, vaya, hola, Sam. Esto, yo... - miró alternativamente a los pergaminos en su mano y hacia mi, plantada de pie junto a la puerta abierta. - Perdona.

Se levantó, dejó todo en su sitio. Caminó hacia mi, y sus botas de tacón repiquetearon sordamente en el suelo de tierra. Se paró a escasos centímetros de mi cara de estufacción, y comenzó a escrutinar mis facciones e inspeccionarme sin ningún disimulo, mientras asentía para si misma.

-Mira, Sam, mi nombre es Aphania, y efectivamente, soy una bruja. Soy una bruja blanca que vive en el bosque al norte de la ciudad, y tienes que venirte conmigo ahora mismo.

-¿Aphania? ¿Oscuridad en griego?

La bruja pegó un respingo.

-Ala, si que lees para una chica pobre, y de tu edad. Sí, Sam, oscuridad en griego. Pero puedes llamarme Emily. Ese es mi nombre humano.

-Y, ehm, esto, Emily, ¿que haces aquí?

-He venido a buscarte. Te necesitamos. y tú nos necesitas a nosotros. No dejaremos que te pudras en este rincón oscuro. Venga, sígueme. No tenemos mucho tiempo.Además, el resto están ansiosos por conocerte. Me han oído hablar mucho de tus habilidades.

-¿Habilidades? ¿Qué habili...? - pero ella, con la misma, me agarró con sus elegantes manos blancas, me echó su capa negra como un tizón sobre los hombros, y me vi engullida por la oscuridad.

海♡

miércoles, 14 de enero de 2015

Perdona que te discuta, maestro. (Nocturno)

No. Las palabras tienen que servir.
Sin palabras, ya no nos queda nada.

Aunque desde el abismo del idioma quiera gritar lo que no puedo por imposible y calle, lo escribiré.
Porque mi garganta está muerta, porque mi garganta es desgraciada.
Porque no tengo sueño, porque sufro.
He de escribir.

Y lo escribiré, vertiré toda la sangre, vaciaré toda la rabia.
Me troncharé la espalda, exhalaré hasta el último respiro del odio que tartamudea en mis huesos.
Esta es la única venganza que mi alma tímida alcanza:
las palabras.

Correré con el viento, arrebataré mis propios escritos.
Lloveré con el agua, me fundiré con mi tinta.
Pero no renunciaré a mis palabras.

Desapareceremos.
Desapareceré yo, mis cenizas, mis papeles, cada gota de tinta que yo haya malgastado.
Mi dolor, mi tristeza.

Pero mis palabras pervivirán.
Aunque no haya nadie para recordarlas.
Heridas de muerte, puede, pero pervivirán.

Las palabras no mueren, maestro.
Hay algo de inmortal en las estúpidas palabras.
En las malditas palabras.
Yo soy una palabra.
Tú también fuiste una palabra.

Las palabras sí sirven. Siempre sirven.
Al fin y al cabo,

Son palabras.

海♡

martes, 13 de enero de 2015

Reflejada

Tengo la vaga sensación de que te he visto en algún lugar.

De que hasta que te conocí, te habías escondido en alguna fibra recóndita de mi tejido nervioso; en eso que no sé describir pero que me pasa cuando veo amaneceres; en esa ola gigantesca que me arrastró al fondo un día haciendo surf y me cubrió el alma de arena y me dejó las piernas rasguñadas, la cara roja, y con un susto de muerte, pero viva. En el primer mordisco de las manzanas; en las noches de tormenta sola en casa; en aquella especie de mariposa que cacé una vez, para luego soltarla, y luego nunca volví a encontrar; en la vez que metí un pie en un charco hasta el tobillo llevando zapatos ligeros. Como si tú fueras mis gafas, y todo este tiempo, hubiera estado viendo el mundo a través de ti sin saberlo.

Como si el universo hubiera decidido coger mi vida, escribirla en verso, y traducirla en ser humano, a miles de kilómetros de mí, en el lugar más recóndito. Como si tratara de evitar nuestro encuentro. Como si nos protegiera del espejo. Como si tú hubieras robado toda la belleza que me falta, pero, a pesar de quedártela para ti, no dejara de ser mía.

Pero te encontré. Por azar, puede. Pero te he visto, sé que existes, y no puedo ignorarlo. Necesito escribirte, aunque sea solo un poco.

Nunca hemos hablado a solas, y nunca lo haremos, pero nos conocemos.

Tú a mi no me engañas. Te he pillado.

Somos dos caras de la misma moneda. Yo soy todo lo que ocurrió y que nadie jamás escribiría, tú eres lo que los poetas que no saben sobre qué escribir van mendigando por cada esquina. Pero formamos parte de lo mismo. Solamente que yo me quedo a este lado del filtro, y tú, por supuesto, pasas el tamiz.

Desde nunca, compañero. Hasta siempre.

Me alegra haberte encontrado. Me alegra saber que mi poesía está a buen recaudo. Trataré de cuidar de tu luz, trataré de mantener tu secreto.

Reflejo.

海♡

Eclipses y la tragedia de no ponernos de acuerdo

Creo que necesitamos un choque.

Definitivamente, un choque es lo que hace falta
para zanjar este asunto de una vez por todas.

Un choque de frente,
un choque a 150 km por hora.

Pero si tú eres el Sol, y yo soy la Luna,
¿cómo diablos vamos a chocarnos nunca?
No nos encontraremos.

Yo nunca veré tu luz del todo,
tú nunca llegarás a conocer mis sombras.

Yo no tendré tus amaneceres somnolientos.
Tú no conocerás mis puestas de Sol oscuras.

No vamos a chocarnos nunca.

Suspiró.
Suspiraron.

Nunca se chocarían.

Suspiré.
Suspiraste.

Creo que me he topado con un muro mientras caminaba.
¿Qué es ésta luz cegadora?

海♡